Democracia en Cuba: negro o blanco, nunca gris (publicado en www.latinliber.com)

Disertar u opinar sobre Cuba y su especial situación socio económico e institucional es siempre un desafío con grandes vallas a franquear que pueden conducir al mismo lugar donde empezamos. Y las grandes batallas ideológicas por enfrentar no son las propias sino, y más lamentable aún, la tendencia ajena de radicalizar las posiciones adoptadas en torno al tema que nos ocupa.
Es dable destacar las dos únicas tierras firmes donde poder uno apoyar una idea o conceptualización política: o se está a favor de Castro y el Comunismo imperante en Cuba, o se adhiere incondicionalmente al grupo de bárbaros reaccionarios anticastristas residentes en Miami. De una punta a la otra del espectro ideológico parecería no existir el gris. No hay nada. Solo blanco o negro. Empecemos por el principio.
Que el sistema político cubano es totalitario nadie debería poner en duda. El librepensamiento en la isla ha sido erradicado hace ya varias décadas a la par que la mayoría de las libertades políticas del individuo, tornando nula e irrisoria la instrumentación de debates o deliberaciones a la hora de implementar decisiones en los estamentos del poder.
Que el embargo establecido por los Estados Unidos de Norteamérica sea criminal y con escaso efecto sobre el régimen castrista no es ninguna novedad a esta altura del partido. Los platos rotos han sido pagados directamente por el pueblo cubano y no por los máximos lideres del sistema comunista, a quienes nunca les falta lo indispensable para seguir llevando su nivel de vida diario. Incluso si el gran país del norte quiere perderse por propia decisión de hacer fabulosos negocios con la isla, es problema de ellos: el resto del planeta no debería limitarse a la hora de comerciar legítimamente con Cuba. De hecho lo hacen. Mal por EEUU.
Que ningún ciudadanos cubano esté autorizado automáticamente a salir de la isla cuando así lo crea conveniente es síntoma inequívoco de que las cosas no salen como debería. Si no se tiene la oportunidad de votar con los pies, el sistema hace agua por algún lado. En la isla, señores, no se vota ni con las manos, ni con los pies, ni con nada. Sencillamente se dice y se hace lo que en voluntad le viene al Sr. Castro y a su influyente grupo de aduladores. La isla les pertenece, ni más ni menos.
Que el sistema educativo y de salud es ejemplo para todo el planeta, todo el mundo es consciente. Cuba posee un plantel de profesionales en todas las ramas de la ciencia que son envidia de cualquier país del globo, sea del grado de desarrollo que sea. Con solo vislumbrar la cantidad de pacientes que se atienden en Cuba en su avanzado sistema de salud es un claro ejemplo de lo que estamos hablando.
Que los avances del sistema cubano pueden ser alcanzados, y de hecho en muchos países podemos encontrar logros de igual calibre, por medio de instituciones basadas en un Estado de Derecho republicano no es una quimera ni mucho menos. Países que se sumergían en la pobreza y la marginación de sus habitantes han logrado niveles en la calidad de vida de los mismos sencillamente impresionantes. Korea del Sur, Irlanda y los países nórdicos tienen mucho para enseñar al respecto, comprobando paralelamente que con la democracia se come, se cura y se educa.
Que el pueblo cubano debería elegir el sistema por el cual conducir sus destinos, es algo absolutamente coherente y natural a cualquier sociedad que se conforme de seres humanos. ¿O alguien encuentra placer en seguir caminos impuestos por terceros en forma coactiva y sin siquiera consultarle? Si la ciudadanía isleña decidiera continuar con un sistema comunista, tendrá sus motivos. Pero sería muy adecuado preguntarle primero. Que luego decida frente a las alternativas que se le presentan.
Que la comunidad anticastrista que reside mayoritariamente en Miami son una caterva de fanáticos republicanos con claras tendencias al neofascismo no es necesario repetir. Pero lamentablemente son fruto de esta polarización abominable a la hora de sentar posición frente a castro, Cuba, el comunismo, el fútbol, la religión y muchas otras cuestiones más.
No niego los logros conseguidos por la revolución comunista en Cuba, máxime si comparo su situación con el status quo del dictador Batista. Pero creo sobre todas las cosas que la libertad de elegir el sistema, el país, mis líderes, el tamaño de mi familia y la educación de mis hijos, es un derecho inalienable que nace junto con mi naturaleza humana. Los fanatismos son conceptualizaciones erróneas en todo sentido. Y cuando algún matiz fanático viene acompañado de doctrinas totalitarias, el escenario se torna dantesco. No hay lugar posible adonde escapar.

2 comentarios:

norbico dijo...

Disculpame te cansaste de escribir y ni siquiera me dedicaste un guion.

Anónimo dijo...

HUUUUU QUE MENSAJE HOT JAJAJA, QUE MAL PARADO TE DEJA